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Era el verano de 1983, una fuerte sequía azotaba distintas regiones del mundo. El clima estaba enrarecido. La escasez de lluvias y las altas temperaturas predominaban en el sofocante clima panameño. El Fenómeno de “El Niño” hacía de las suyas en la vertiente del Pacífico. En tierra los cultivos y la ganadería estaban afectados. En el mar, las cosas no eran mejores. El calentamiento de las aguas provocó una alta mortalidad de corales en Costa Rica, Galápagos y Panamá, explica Ángel Vega, biólogo marino de la Fundación MarViva de Panamá. En el Istmo, dos de los más importantes ecosistemas fueron afectados. En el peor de los casos el 83.1% de los corales del Parque Nacional Golfo de Chiriquí sufrió blanqueamientos. En el Parque Nacional Coiba (PNC), la situación no era alentadora.
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Desde entonces hasta el día de hoy, los corales muestran un alto nivel de recuperación. Un estudio científico realizado por el biólogo marino del Instituto de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés), Héctor Guzmán, así lo revela. El estudio del biólogo detalló que entre Punta Burica y Punta Mala se establece una cobertura de coral vivo de 34.5%, con valores elevados en algunos lugares hasta de 84.4%. Otro estudio más reciente de Guzmán en Coiba reveló la recup eración de un 3% en los corales vivos. Además, de los corales también se recuperan especies marinas que habían desaparecido, sentenció Vega.
¿Se puede prevenir?
Frente a la presencia de un nuevo evento “El Niño”, la amenaza de pérdida en la biodiversidad de corales es latente. Más cuando “no se puede hacer gran cosa contra” un evento natural, advierte Vega. La duración y la intensidad del fenómeno meteorológico son vitales para determinar la vida o la muerte de los organismos marinos. Si “El Niño” se prolonga puede irrumpir en la relación simbiótica que sostienen los corales con zooxantelas (pequeñas algas microscópicas) y provocar la muerte en los organismos marinos continúa explicando el biólogo. También la sobrepesca, el turismo descontrolado, la recolección de corales y peces de arrecifes aumentan la susceptibilidad de los arrecifes a eventos naturales por estar sometidos a estrés. Éstos son factores antropogénicos que contribuyen a la pérdida de la biodiversidad. “Contra esas actividades sí se puede luchar para proteger los sitios identificados como de alta diversidad”, advierte Vega.
Esperanza
El biólogo explica que El Niño actual presenta una intensidad moderada, lo que nos indica que podría ser menos severo que años anteriores. Esto es un buen augurio. “El efecto sobre corales no debería ser tan intenso como en 1982-1983”.
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El Niño navideño
En climatología se denomina El Niño a un síndrome climático, erráticamente cíclico, que consiste en un cambio en los patrones de movimientos de las masas de aire provocando, en consecuencia, un retardo en la cinética de las corrientes marinas "normales", desencadenando el calentamiento de las aguas sudamericanas; provoca estragos a escala mundial, afectando a América del Sur, Indonesia y Australia. El nombre de "El Niño" se debe a pescadores del puerto de Paita al norte de Perú que observaron que las aguas del sistema de Corrientes Peruana ó Corriente de Humboldt, que corre de sur a norte frente a las costas de Perú y Chile, se calentaban en la época de las fiestas navideñas y los cardúmenes o banco de peces huían hacia el sur, debido a una corriente caliente procedente del Golfo de Guayaquil (Ecuador). A este fenómeno le dieron el nombre de Corriente de El Niño, por el Niño Jesús. El nombre científico del fenómeno es Oscilación del Sur El Niño (El Niño-Southern Oscillation, ENSO, por sus siglas en inglés). Es un fenómeno con más de once milenios de historia climática.
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