HISTORIA DEL BUCEO

 
Una revolución adaptativa

El aire para respirar y el frío del fondo del mar han supuesto dos obstáculos constantes en la historia del buceo, a los que habría que sumar la presión, la visibilidad, las corrientes, la estabilidad, etc. Pero sin duda, dos conceptos tan simples como la autonomía respiratoria y la mejora del aislamiento térmico en combinación con el abandono de la necesidad de “caminar” erguido bajo el mar y adaptarnos más al entorno imitando las pautas de comportamiento de sus habitantes, revolucionaron el mundo del buceo. Se posibilitó así el paso del buzo clásico al submarinista actual.
El buzo clásico era el hombre “conquistador”: debía tener una gran fortaleza física porque la resolución técnica del problema del buceo partía de la idea de mantener al hombre en condiciones similares a las atmosféricas: seco, respirando aire de arriba y caminando como en la superficie. Eso le obligaba a lastrarse en exceso y depender de un tubo y un mecanismo de bombeo de aire.
El submarinista, por el contrario, es el hombre “versátil”, capaz de transformarse en pez. De ja el lastre por unas aletas, cambia su piel por neopreno y lleva el aire consigo. No camina erguido, pero vence orgulloso las pruebas de Neptuno.


 
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