VARIOS
   
 
Inmersión de medio siglo
 
 

Reflotar al submarino republicano C-3 puede ser, en cierto modo, un homenaje que compense 66 años de olvido y falsedades, y una forma de restablecer el buen nombre de los desaparecidos.







TEXTO: BUCEO XXI
FOTOs: FAMILIARES C-3
Una tarde de enero de 1997, a más de 60 metros de profundidad, una mancha de aceite inició una ascensión que fijaría como una boya la posición de un buque fantasma: el submarino republicano C-3.

El abogado malagueño Antonio Checa pescaba en la zona con unos amigos. Su curiosidad y su intuición le llevaron a buscar la documentación que apuntaba a que el origen de la mancha eran los restos del C-3. A cuatro millas de la costa y cubierto por una mortaja de redes de pescadores, ese buque esperaba paciente que la verdad saliera a flote.
Después de varias inmersiones con ROVs (Remote Operated Vehicles) dotados con una cámara de vídeo, se obtuvieron las primeras imágenes. La mala visibilidad de la zona y el estado en el que se encontraban los restos impidieron identificar al buque. Pero en Octubre de 1998, La Marina Española destacó al Mar Rojo con un equipo de buceadores de la armada que, por fin, consiguieron identificar los restos como pertenecientes al C-3.


El submarino fue hundido el 12 de diciembre de 1936 por un torpedo del U-boote alemán Poseidón, que se encontraba clandestinamente en aguas malagueñas probando los torpedos y tácticas que luego devastarían la flota aliada en la II Guerra Mundial. Sólo 3 de sus 40 tripulantes salvaron la vida por encontrarse en cubierta.
Una burda maniobra de los nacionales, que intentaba ocultar la adquisición de dos submarinos italianos, el Archimede y el Torricelli, hizo que se identificara al C-3 con uno de ellos, diciendo que había desertado del bando republicano. Una maniobra que no engañaría a nadie por las diferencias estructurales de los submarinos italianos con el buque construido en Cartagena por la Sociedad Española de Construcciones Navales, hoy la Empresa Nacional Bazán. Sin embargo, la memoria de esos marineros quedó oficialmente sepultada en el mar y sólo el empeño de sus familiares ha podido volver a recuperarla.

Tanto es así que el 18 de Noviembre de 1998, la Armada Española rindió un homenaje a las víctimas de la dotación del C-3 en un acto en el que participaron buques del Grupo Alfa: el portaaeronaves “Príncipe de Asturias”, buque insignia de la Armada, y las fragatas Asturias, Extremadura, Santa María, Navarra y Canarias, así como el buque de aprovisionamiento Patiño. Un responso y una corona de flores arrojada al mar en el lugar donde reposan los restos del C-3, a cuatro millas de la costa malagueña en una zona conocida como “El Palo”, sirvieron para restablecer el honor de la tripulación del pecio.
El submarino formaba parte de la base de submarinos de Cartagena y muchos de sus tripulantes eran de la misma ciudad. Ahora allí se encuentran la mayoría de sus familiares que quieren recuperar los restos para que dejen de figurar como desaparecidos y ofrecer un entierro digno a sus padres y abuelos.

Lo que la verdad esconde
El descubrimiento del pecio ha aportado mucha información para determinar cómo ocurrió exactamente su hundimiento. El ángulo de ataque del torpedo impidió que la cabeza de guerra estallase. Pero hizo un orificio en el casco de presión del C-3 que lo hundió. Se produjo una explosión posterior en el compartimento de baterías y se parte el buque en las dos secciones que podemos observar en el fondo. La menor, una sección de 8 metros de proa, se queda boca abajo y la mayor se queda en posición normal, separadas ambas por unos pocos metros. La explosión se produjo porque el agua inundó rápidamente la sección de proa penetrando en el compartimento de baterías. El submarino se inclinó hacia la proa y comenzó a hundirse rápidamente. El agua del mar precipitó la electrólisis y mortales vapores de clorhídrico escaparon a la superficie formando una densa nube blanca que pudo ser vista por los barcos de la zona. Las baterías estallaron y produciendo así la separación de la proa del resto del casco.
Siete descendientes de los marineros muertos ya han contactado entre sí. Con la ayuda de un abogado malagueño han hablado con una empresa alemana que estaría dispuesta a reflotar el barco. Málaga tiene verdadero interés en recuperar y exhibir este submarino que ya es una página más de nuestra historia más terrible y reciente.

 


Antonio Checa, Luis Caparros y Jose Enrique, un amigo de ambos

Antonio Checa y Luis Caparros fueron las personas que localizaron la mancha de aceite en septiembre del año 97.
Antonio recuerda que se encontraban pescando, y que el mar se encontraba como un lago, además de estar de color azul brillante, como el cielo. Cuando se produjo el encuentro entre la embarcación y la mancha de aceite, los tripulantes pudieron contemplar este brote de suciedad.
Antonio Checa se preguntaba como se podía producir este fenómeno, mientras, por otro lado, Luis Caparros intentaba darle poca importancia, ya que desgraciadamente en el mar aparecen muchas manchas parecidas, el olor que desprendía era intenso parecido al de un taller mecánico de coches.
No conforme, Antonio, intentó averiguar con quién podía realizar exploraciones más concretas, para ello necesitaba robots subacuáticos. Gracias a la empresa malagueña Marine Visión, y después de acudir en varias ocasiones al lugar consiguieron localizar el submarino.

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