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En marzo de 1792, el valenciano Vicente Ferrer probó
por vez primera un aparato de inmersión consistente
en una esfera de cobre abierta en su base, donde se introducía
el buzo hasta la cintura ajustado por un faldón de
cuero. Los brazos salían por dos agujeros y eran enfundados
también por unas mangas de cuero. Un portillo acristalado
a la altura de los ojos permitía la visión.
En la parte superior había un tubo de cobre compuesto
de varias secciones de 1m cada una, encajadas a presión,
que permitía ser alargado para bucear hasta 10m de
profundidad. Supuestamente el aire se suministraba con algún
fuelle. Cada vez que Ferrer obtenía un buen botín
tenía la costumbre de exclamar: ¡Lo hemos conseguido
con la ayuda de la Virgen de los Desamparados y gracias al
Diablo que allí lo colocó! El Santo Oficio lo
declaró blasfemo por mezclar irreverentemente
el nombre de la Virgen Patrona de Valencia con el odiado enemigo
condenándole a morir en ejecución pública
en la plaza de Ruzafa el mes de septiembre del mismo año.
16 días después, Joaquín Botet, coadjutor
de la parroquia de San Nicolás de Valencia pereció
ahogado cuando experimentaba con el artefacto de Ferrer, feligrés
de esa parroquia. Dada la gran profundidad en que cayó
el artefacto no pudo ser recuperado el cadáver.
Fuente: Juan Ivars Perelló, Tomás Rodríguez
Cuevas
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